Testimonio

El trabajar en terapias de cualquier tipo, te da la oportunidad de comprender más, de conocerte más, de sentir cada vez mas la propia humanidad y la del otro , de comprobar que nada de lo humano te es desconocido, de admirar  al personal que se pone valientemente a mirarse y se reconoce… Y es capaz de compartir.

 

Tocar fondo

Este viaje a Elche ha sido raro.  Lo he pasado bien al mismo tiempo que me he dejado sentir el dolor.  Por primera vez he experimentado lo que sentía, siendo consciente de ello sin salir corriendo, literalmente, y sin recurrir a ninguna conducta destructiva contra mí: ponerme al límite y hacerme daño sea de la manera que sea (comida, deporte, prohibición, obligación, restricción, purga…).  Sencillamente no me apetecía, no me apetecía fingir, estoy harta de hacerlo;  de reírme cuando no quiero, de salir cuando no quiero, de ser amable cuando no quiero, de callarme cuando no quiero, de hablar cuando no quiero… Me costó verlo y entenderlo, y no fue agradable, pero me ha servido para entenderme y conocerme un poco más.  Ahora puedo poner palabras a este nudo. 

Sé que al volver, sea de donde sea, me toca encontrarme con mi madre y enfrentarme al momento del escáner físico. Esta vez no ha sido diferente:  «Tienes mal cara»,  » Te veo peor que cuando fuiste»,  «Te estás quedando sin cara»,  » No te has cuidado mucho allí «…  Y un sinfín de frases negativas hacia mi aspecto físico, siempre.

De echo, estando en Elche le mandé unas fotos y me dijo:  «Aitana y sus caras»,  «Qué graciosa»…  Nunca me dice «Qué guapa «, «Qué bonita»… 

Así es como yo lo vivo:  no soy guapa, no soy suficiente, no valgo, hago gracia y no se me toma enserio, nunca seré suficiente… 

Volviendo a mi madre, le expliqué que había estado más de una semana sin vomitar y pese a que ella no esté acostumbrada a verme así, esa era mi cara normal, natural, sin sufrir consecuencias por alteraciones electrolíticas…. Le dije que ella se ha quedado con mi cara hinchadita, con posiblemente aspecto más saludable para ella, pero provocado por los vómitos y esa no era mi cara normal, eso no debe ser normal. No está acostumbrada a verme deshinchada y me ve mal, me ve hinchada (los vómitos, por pocos que sean, me crean retenciones de líquidos, entre otras cosas, que duran días hasta que el cuerpo vuelve a la normalidad) y también me ve mal;  siempre me ve mal ¿y esto hasta cuando? 

Entonces ella me preguntó desviando el tema: ah, pero ¿sigues vomitando? 

Era más que evidente que sabía la respuesta, pero aún y todo se lo dije: sí. 

Y volvió su drama…pero le corté. 

Aquí viene lo realmente importante, lo que he conseguido entender en Elche ligado a mi destrucción:

Hace tiempo, cuando yo era mucho más joven, cuando me quería muchísimo menos de lo que me quiero ahora, cuando vivía totalmente anulada por mí misma y por mi entorno…yo me veía a mi misma como «Incapaz». 

Y vomitaba mucho, muchas veces, a diario. ¿Por qué? Porque era lo único que sabía hacer, era lo único que me daba fuerza y seguridad, era lo único que se me daba bien, era lo único que me daba vida (así lo creía y lo sentía entonces). 

Pero era normal. El resto de mis capacidades y habilidades estaban anuladas, yo no tenía valor y jamás me habría imaginado siendo capaz de algo. Y sobre todo, vomitar era lo único que me merecía (Vomitar, no comer, hacer ejercicio excesivo… En definitiva, hacerme daño y estar mal). 

Con el tiempo fui creciendo, fui cogiendo algo de valor, algo de seguridad. Empecé a trabajar brevemente en algunos sitios, estudiaba a la vez que disfrutaba lo que aprendía… Pero lo que más seguridad, fuerza, autonomía y valor me dió fue trabajar en el bar, en la cocina. Todo un reto para mí. Un reto que me fortaleció en mi relación con la comida. A raíz de esto fue cuando yo me empecé a sentir realmente «Capaz». Esto y que por fín he terminado los estudios, pasando mi peor año de salud con la colitis ulcerosa. A pesar de haber sido muy duro, me ha dado un chute de autoestima y me he sentido orgullosa por no dejar de luchar. 

Pero la salud no perdona a nadie. 

Terminé echa un cristo, ingresada y después en vez de descansar, seguí mal y trabajando todo el verano. Hasta que mi cuerpo y mi cabeza dijeron ¡basta! 

Y bueno, esto es lo que a la gente le cuesta entender… Porque por fuera parezco estar tan bien, tan entera que cualquiera diría que lo paso tan mal. 

En cuestión, al final me ví obligada a dejar el bar (eso que me hizo sentirme tan «Capaz» y me ayudó tanto a salir de la asfixiante «Incapacidad») porque mi cuerpo me lo estaba pidiendo a gritos. 

Decidí empezar las clases prácticas de conducir y parecía que todo iba bien hasta que me invadió el miedo. Miedo del accidente que tuve hace 14 años, del que creía haberme olvidado. Miedo a la lluvia, miedo a la velocidad, miedo a mi falta de reacción… 

Empecé a ponerme realmente mal con la tripa cada vez que tenía prácticas; antes, durante y después. Luego empezó a durarme días, semanas…y las dejé porque ya no podía más, no podía seguir así y otra vez más debía elegir: independencia o salud. Elegí mi salud. 

Hace como un mes reconocí en mí unas emociones ya muy vividas: era depresión.

A su vez sentía terribles ganas de hacer cosas, de hacer muchas cosas (estar ocupada y no pensar en lo que me estaba pasando) que a demás me hacían ponerme muy nerviosa por no llegar a todo. 

Pues bien, ahora he entendido que todo esto se debe a que ahora mismo me siento «Incapaz», otra vez. Sin valor, anulada, débil, inútil. Y que aquellas terribles ganas de hacer cosas no era mas que mi instinto de supervivencia en busca de mi «Capacidad». Buscaba como loca sentirme capaz, obligándome a hacer cosas continuamente. 

Mi salud, mi enfermedad (ambas), incluso mis miedos están determinando mi vida ahora mismo. ¿Va a ser así a partir de ahora? ¿Cada vez que intente hacer una vida normal, se van a interponer entre yo y mis objetivos? Evidentemente tengo miedo. Desgasta. Me ha costado tanto llegar hasta aquí que ahora siento haberlo perdido. Todo. A mí. 

Vuelvo a sentirme anulada, incapacitada, vacía, inservible…sintiendo que lo único que se hacer es hacerme daño (vomitar, no comer, castigarme, prohibirme, machacarme…) al mismo tiempo que me alejo de la gente por evitar daños colaterales.  ¡¡Y qué peligroso es eso!! ¡¡Y qué miedo me da…!! 

Gracias a la persona que ha compartido esto conmigo y que yo publico aquí con su permiso.

Y solo necesito añadir :  El observador cambia lo observado. Cuando se ve algo, ese algo es muy diferente a lo que era cuando no se veía. Hasta la física cuántica lo ha demostrado.

 





Volver al blog

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *