LA HERIDA PRIMIGENIA, LOS MIEDOS DEL NIÑO INTERIOR

He tenido la suerte de participar en dos talleres muy interesantes. Uno con Mónica Cavallé y otro con Silvana Silveri , dos mujeres distintas en la formas pero iguales por su sabiduría y autenticidad.  Las dos han coincidido en resaltar la importancia de reconocer y limpiar, vamos a llamarle,  la herida primigenia, de curar al “niño herido” que todos llevamos dentro, ya que si no lo hacemos, inevitablemente esa herida interferirá en todas las relaciones que tengamos por muy adultas que nos parezcan que son.

Esta herida según Mónica Cavallé no es algo circunstancial, sino existencial es decir consustancial con el hecho de nacer y ser una persona , ya que se va a producir cuando  de pequeño, no soy querido, mirado, atendido,  valorado, respetado, reconocido, como me hubiese gustado o necesitado en ese momento. Así que incluso, no es que no nos hallan querido o reconocido,  por ejemplo, sino que no lo hicieron como nosotros queríamos o necesitábamos, en ese momento infantil, algo casi inevitable, ya que es imposible que ningún padre/madre  por amante y cuidadoso de sus hijos que sea, pueda estar en su mente o sentimientos, adivinando lo que le hace falta en cada momento y disponible en todo momento.

Si no sanamos esta herida es imposible vivir desde el adulto maduro y libre, sino que lo haremos desde el niño herido y cada circunstancia que se asemeje a la emoción que la herida despertó, nos hará vivirla desde un estadío infantil.

La mayoría de los miedos por no decir todos, son miedos del niño que no ha sanado ni madurado. Miedos que nos ponen en contacto con la impotencia y falta de herramientas personales del niño. Impotencia y carencia de herramientas “real” cuando niño pero “no real” cundo ya somos adultos.

Silvana silveri propone como camino de sanción: reconocer cual es la herida, cual es el el dolor o el miedo que se repite sobre todo en mi vida. Tomar conciencia de que es lo que no me dieron y asumir la responsabilidad de dármelo a mi mismo. Darme aquello que necesité, aquello que quise. Si no consigo hacerlo, siempre estaré dependiente de que los otros lo hagan. Tenemos que poner a nuestro adulto al cargo para dar a nuestro niño interior, lo que necesitó cuando se creo la herida.

Esta herida genera un miedo y un dolor, que puede ser sobre:

El abandono; El afrontamiento; El cambio; la continuidad; La perdida.

El miedo al abandono nos hace “pedigüeños”, siempre pendientes de que nos den, no tenemos en cuenta nuestra capacidad de contenernos y atendernos y exigimos que lo haga el exterior. Por ejemplo, cuando estoy esperando la llamada de mi pareja y esta no lo hace en el tiempo que yo la espero, me empiezo a angustiar y a dudar de su amor por mi…

El miedo al cambio: Si de pequeño he vividos cambios que me han dado inseguridad, esto hace que viva la vida con  apego y con la necesidad de controlar todo y de que esté todo en su sitio que nada cambie, lo que va a generar inevitablemente sufrimiento ya que el cambio es algo inevitable en la vida. Muchas sabios aseguran incluso, que es lo único real…

El miedo a afrontar, cuando al niño no le han “mirado” atendido lo suficiente, se genera un  miedo al rechazo. Miedo a ser rechazado, ignorado, a no ser tenido en cuenta. Por ejemplo quiero hablar, decir mi opinión, pero no lo hago porque creo que no me van a hacer caso, dudo de que tenga interés para los otros.

El miedo a la pérdida , trae fobias, sensación de avaricia de tacañería, puede tener que ver con dejar de existir, con el miedo a la muerte. Se desarrolla la manipulación. Seguramente viviré más la vida desde la carencia y no desde la tenencia.

El miedo a la continuidad , origina el miedo al compromiso. Uno no se quiere atar a nada. Cuando de pequeño se ha vivido una continuidad dolorosa en determinada situación , algo que se quería haber cambiado por doloroso incomodo o no querido y no se pudo o no se cambió. Experiencias vividas no aceptádas y que han persistido en el tiempo.

Tanto en cuanto nos vayamos conociendo, aceptando y queriendo, estamos en el camino de vivir plenamente la vida. Recuerda la consigna de Antonio Blay para el trabajo interior: PACIENCIA Y BUEN HUMOR, fundamentales para ir traspasando los miedos y dolores y llegar así a la Paz y Plenitud.

EXPERIMENTA SI QUIERES PUEDES¡¡¡¡

 





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